Bolivia enfrenta su peor sequía en décadas

Eduardo Forno, director de la oficina que la organización Conservación Internacional tiene en La Paz, dice que la escasez de agua está relacionada con varios factores: fenómenos climáticos extremos como El Niño, el aumento de las temperaturas, una reacción tardía de la empresa que gestiona el agua, la lentitud en la construcción de más represas y el rápido crecimiento de dos ciudades: La Paz y El Alto.

Para Forno, la situación actual es un tanto paradójica: “Bolivia está entre los 18 países con más oferta de agua dulce del planeta, pero las precipitaciones no son uniformes —explica—, y dos años seguidos de estrés hídrico en un sistema que no recibe demasiada agua suelen convertirse en un problema serio”.

La sequía, una de las peores de las últimas décadas, también se ha hecho notar en el resto del país. En la ciudad de Cochabamba y en las comunidades del Chaco, la falta de lluvias es casi endémica. El año pasado desapareció el lago Poopó del departamento de Oruro.

Juan Ramón Quintana, ministro de la Presidencia, dijo en una entrevista la semana pasada que, a corto plazo, las alternativas para superar la crisis son la perforación de pozos y la canalización de nuevas fuentes de agua. Recomendó a la población “adaptarse” a la contingencia hasta que se intensifiquen las lluvias. Y lamentó la falta de previsión de Epsas, la empresa que administra el agua: “El vicepresidente ha anunciado un proceso penal contra los responsables por incumplimiento de deberes. Porque no hay un delito mayor que dejar a la población sin agua”. La Contraloría General del Estado acaba de iniciar una investigación para establecer posibles irregularidades. La fiscalización podría demorar varios meses.

En el jardín de Ivonne Tejada hay media docena de baldes repletos; uno tiene un pajarito ahogado. Tejada tiene 38 años y dos hijos. Vive en uno de los distritos castigados por el racionamiento y dice que se turna con sus hermanos para preparar el almuerzo, así comen todos en una sola casa y gastan menos agua.

El año pasado, por estas fechas, Ivonne ya había instalado su pesebre, ya había decorado su árbol de Navidad y ya estaba pensando en los regalos para su familia. Este año, sin embargo, no puede dejar de pensar en el agua. “La prioridad ahora es tener agua para beber, para lavar, para cocinar”, enumera.

A unas cuadras de su casa, una señora canosa de 72 años que vive sola trata de cargar dos pequeños bidones con agua de color marrón de una cisterna. No es agua para beber. “Pero al menos servirá para que mi baño no huela”, se alegra.